¡Qué alegría: Pentecostés!

¡Qué alegría: Pentecostés! La presencia Escolapia de Valencia estuvo bastante con la llegada del Espíritu Santo, moviendo a la: Misión Compartida, CampaMIES, Ollas Solidarias, Pentecostés, actividad con los jóvenes

  • #PentecostésJoven2017. Los jóvenes y fuerzas vivas de la Parroquia San José de Calasanz y Colegio Calasanz se dieron citas para celebrar el Pentecostés. Ver más imágenes

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  • Actividad con los jóvenes con diversidad funcional. Este sábado 03 de junio iniciaron las actividades artísticas con los jóvenes de diversidad funcional, que tendrán lugar en la instalaciones de la Obra Social Calasanz los sábados de 02:00pm a 04:00pm. Si tienes algún, vecino o conocido tráelo para disfrutar de un espacio diferente y acogedor

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  • Olla Solidaria en las Capillas San Francisco Javier y Nuestra Señora de los Ángeles. Ver más imágenes

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9 de marzo: Día del Voluntariado #ItakaEscolapios

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La red Itaka-Escolapios, a través del equipo general de Voluntariado, ha propuesto a las diferentes demarcaciones y sedes la celebración del Día del Voluntariado en Itaka-Escolapios: una jornada especialmente dedicada a dar a conocer, valorar e impulsar el voluntariado como nuestra seña de identidad, profundizando en sus claves escolapias. La fecha elegida es el 9 de marzo, aniversario de la constitución de la Fundación Itaka-Escolapios.
Esta iniciativa, que ha tenido muy buena acogida, se presenta además como una aportación de la red a las diversas actividades que se están realizando con motivo del año jubilar.
Podemos encontrar algunos materiales de este día y también del calendario completo de este Año jubilar escolapio en http://www.escolapios21.org/ano-jubilar/calendario-del-ano-jubilar/

Fuente: http://www.itakaescolapios.org/2017/03/9-de-marzo-dia-del-voluntariado-en-itaka-escolapios/

 

Esperanza y justicia por Félix Palazzi

A veces confundimos la noción de esperanza con la fuga o negación de la realidad, y la esperanza es, ante todo, esperanza en la justicia: sin la búsqueda de la justicia la esperanza se convierte en una ilusión y la justicia sin la esperanza pierde toda capacidad de renovarse.
La esperanza no es producto de un estado de ánimo o la proyección de nuestros buenos deseos. Martin Heidegger afirmó: “debo decir que la filosofía no podrá provocar un cambio inmediato del estado presente del mundo… sólo un Dios puede aún salvarnos”. Hemos de admitir que todos esperamos un cambio de la situación actual que vivimos; más allá de las tendencias políticas o religiosas, todos anhelamos un cambio. Pero la esperanza considerada únicamente como la posibilidad de un cambio o una acción repentina por parte de un liderazgo o de un sistema político o religioso nos hunde más bien en una situación de desesperanza.
La esperanza no se decreta, tampoco se impone. La esperanza nos motiva a buscar y a construir la justicia, esa justicia que, evidentemente, no es directamente equiparable a nuestro sistema jurídico, es decir, la justicia tiene su expresión en un código jurídico y en sus instituciones, pero es mucho más que su expresión legal, porque realmente su finalidad es proteger la diferencia y garantizar que esta exista. Es por ello que sólo la esperanza crea justicia y en la injusticia se crece nuestra esperanza, pues la esperanza se fortalece cuando acoge la espera del otro.
La esperanza nos mueve a la participación y transformación de la realidad. Vivimos en un mundo sin esperanza porque nos hundimos en el mar de la indiferencia. La construcción de un proyecto de nación o eclesial implica una participación de todos que se inicia en el simple gesto de permitir y acoger la diferencia en la que el otro se muestra. No hay justicia donde no se reconoce y se garantiza esa diferencia, y toda lucha por la justicia comienza en el simple reconocimiento y aceptación de lo diferente. Este reconocimiento tiene que hacerse real en las relaciones cotidianas y en el fortalecimiento de espacios comunes. La esperanza más que un estado ilusorio se expresa en la dinámica de nuestra participación en la construcción de una realidad donde la justicia sea posible en todos los ámbitos de nuestra vida.
Recordemos las palabras de Benedicto XVI: “Pero el esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica”. Heidegger tenía razón: sólo una esperanza mayor, en Dios, nos libera del cansancio o del fanatismo y transforma nuestra esperanza en búsqueda de la justicia.

Fuente: http://www.teologiahoy.com

La tolerancia y la verdad. Por Felix Palazzi

La tolerancia en un sentido negativo puede ser entendida como convivencia con el error. De esta forma tolerar significaría sobrellevar, permitir, soportar el “error” o aquella actitud o conducta que se considera “errónea” en función de alcanzar la convivencia. Tolerar bajo el presupuesto de encontrarse en plena posesión de la verdad no es tolerancia, sólo es una tregua o pacto en el conflicto permanente. En la ardua tarea de la tolerancia la tentación de creerse poseedores de la verdad es tan real como la de aceptar todo como igualmente valedero y valioso, o pensar que todo es igual. Ambas tentaciones llevan consigo al desanimo, al fundamentalismo y a la indiferencia que son claras consecuencias de la intolerancia.
El ejercicio de la tolerancia, más que una cuestión social, se nos ha convertido hoy, más que nunca, en el ejercicio de nuestra humanidad. La crisis social que vivimos afecta fundamentalmente a nuestra forma de comprendernos, de expresarnos, de ubicarnos en la historia y en la realidad. Ante esta crisis la respuesta más efectiva parece ser abandonar la realidad, irse del país.
Son muchos y urgentes los factores que conforman nuestra crisis nacional, pero nos urge rescatar lo humano. Lo humano que se encuentra en la búsqueda común de la verdad. La tolerancia sin la verdad se transforma en sumisión o complicidad; pero ¿cómo puede una categoría posiblemente tan abstracta como la verdad ser tan necesaria y urgente para nuestra configuración social actual? Sin la pasión por la verdad lo humano se deforma y es manipulado por la ideología. Recordaba Benedicto XVI: “sin la verdad, sin la confianza, sin el amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, la actuación social se deja merced de los intereses privados y de las lógicas del poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad” (Caritas in Veritate 5). La verdad no es jamás parcial o selectiva, ella lleva e implica un diálogo desde el cual nos reconocemos en un suelo común.
A nivel social, sin la conformación de una “comisión por la verdad” mixta y plural será imposible alcanzar la reconciliación y vivir en tolerancia en Venezuela. Ni el gobierno ni la oposición poseen la verdad. La verdad no se “produce”, sólo puede ser “acogida” (cfr. Caritas in Veritate 52). Sin la concreción jurídica de iniciativas plurales en la búsqueda de la verdad todo discurso sobre la tolerancia, el amor, el perdón o la reconciliación será vacío ya que no buscan la verdad sino la convalidación de sus propios intereses.
Más allá de la realidad política urge rescatar lo humano reavivando la capacidad de apertura y acogida del otro, posibilitando la escucha y el diálogo, asumiendo la diferencia como elemento enriquecedor y necesario para la convivencia, y estableciendo y fortaleciendo las relaciones cordiales que establezcan vínculos de gratuidad y reciprocidad.

Fuente: http://www.teologiahoy.com