Espiritualidad

La espiritualidad fue en Calasanz un elemento fundamental de su experiencia de Dios. Si bien se fue desarrollando a lo largo de su vida tuvo su experiencia de constitución espiritual los primeros años de su estancia en Roma. Indicamos brevemente aquí algunos rasgos de ese itinerario espiritual que también nosotros hoy podemos seguir.

ESPIRITUALIDAD

  1. Calasanz, un hombre enamorado de la voluntad de Dios: Es un elemento que aparece constantemente en su vida, y que se convierte en el motor principal de su existencia. La voluntad de Dios, Su querer, es lo que domina y dirige su vida.
  2. Calasanz, un hombre convertido: Calasanz, antes de la crisis que sufre en Roma y que le hace preguntarse por lo que Dios quiere de él, es una persona buena. Pero se dan dentro de él unas resistencias que le impiden la entrega total a Dios. La luz del Señor descendió sobre él, , entrando con fuerza en su interior y comprendió como debía seguir a Jesús. Su propio camino.
  3. Calasanz, un hombre despojado de todo: En la conversión, Dios le despoja de todo. Y así lo hace pobre. En 1606 tendrá que pedir permiso al Papa para mendigar por Roma. ¿Dónde están los atuendos de los años anteriores? Quizá ahora lo que llamaba la atención eran las alforjas que llevaba al hombro aquel fornido sacerdote que antes vestía ricos vestidos de seda.
  4. Calasanz, un hombre con corazón sencillo: Otro impedimento para dar el salto a Dios lo constituía una cierta ansia de dignidades. Pero aquel que luchó con todas sus fuerzas por conseguir una canonjía, ese mismo, transformado por Dios, va a dedicar 50 años de su vida a lo que era considerado “ejercicio vil y despreciable”. Al que llamo “ministerio de ángeles”
  5. Calasanz, un hombre conquistado por los niños pobres: En José los niños pobres fueron un aspecto esencial de su vida, una llamada de Dios. Primero, porque los encontró en sus correrías por Roma. Quería hacer el bien y a cada paso que daba, había un mocoso, sucio y malhablado, pegado a su sotana. Y cayó en la cuenta de que eran así porque nadie les atendía, nadie les enseñaba otras cosas que el mal. Y se fue encariñando de ellos. Se fue preocupando por ellos; y fue buscando y encontrando soluciones. En segundo lugar porque los niños pobres constituyeron el moisés del que se sirvió el Señor para convertirlo.
  6. Calasanz, un hombre de confianza y esperanza: Esperó contra toda esperanza. Esperó hasta más allá de la muerte. Esperó aun cuando todo parecía irle en contra. La esperanza, la más sencilla de las tres virtudes teologales, brilló en él con nuevo fulgor. Fue una luz potente que iluminó el futuro y consiguió la resurrección de su Obra.
  7. Calasanz, un hombre de oración: La oración estuvo muy presente en el proceso de discernimiento de su vocación. Cuando se preguntaba qué sería lo que Dios quería de él, en esta búsqueda la oración fue fundamental. Vivía pared con pared con los franciscanos conventuales, estuvo dirigido por los carmelitas que implantaron la descalcez en Roma, y todo esto le llevó a intensificar la oración en su vida.
  8. Calasanz, un hombre que camina por las sendas del espíritu: Calasanz fue haciendo hincapié en algunas virtudes que le fueron forjando interiormente, en las que insistía constantemente a sus hijos porque propiciaban el ministerio que ejercían. ¿Cómo no citar el amor al prójimo? ¿Qué más decir de la esperanza? Paciencia, ¡y tanta! Nadie lo vio nunca impaciente. No podemos olvidar su alegría, su paz y serenidad.
  9. Calasanz, un hombre entregado a la educación: Una educación revolucionaria. Hasta ese momento nadie se había puesto a educar a los pobres y en tan gran número. Pero el quería educar a todos los pobres. Tanto que no fue entendido ni por la jerarquía eclesiástica. Calasanz no deseaba simplemente educar unos determinados niños sino que la educación fuera el motor del futuro. la intuición le dijo que en ese futuro iba a ser muy importante la ciencia, y a formar en ella impulsó, animó a sus hijos; su relación y sostén a Galileo es un claro ejemplo.
  10. Calasanz, un hombre mariano: Lo veremos en las “Plegarias”.
  11. Calasanz, un hombre de Iglesia: El Papa Inocencio X redujo la Orden de las Escuelas Pías a Congregación sin votos. Llama la atención la pronta y total obediencia de José a los mandatos y exigencias de la Iglesia. ¿Cuál tuvo que ser la crisis interna de Calasanz? Sabía que aquella Obra la había querido el Señor. ¿Había motivo para querer destruir las Escuelas Pías? José aceptó, no se rebeló, pero tampoco abandonó su Obra.
  12. Calasanz, un hombre que siguió a Jesús en el sufrimiento hasta la cruz: Calasanz siguió al Señor confiando plenamente en Él. Le siguió cuando fue rompiendo sus planes. Le siguió cuando le condujeron el 8 de agosto de 1642 al Santo Oficio sin ninguna culpa. Le siguió cuando lo sacaron de General y pusieron de Vicario al P. Mario Sozzi. Le siguió cuando redujeron la Orden a Congregación sin votos. Le siguió, muriendo en la cruz, ya que el Instituto estaba destruido. Calasanz amó a Jesús, amó la cruz, murió en ella, y por eso Dios la resucitó en sus hijos cuando nueve años más tarde, el papa Alejandro VII reconoció de nuevo la Obra de Calasanz.

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