Misión Parroquial 2017 – Día 01

 

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Con gran alegría hemos iniciado la Misión Parroquial 2017 en la Capilla San Francisco Javier de nuestra Parroquia San José de Calasanz con el lema “Joven educa, anuncia y transforma”
Hoy nos congregamos 94 misioneros y atendimos a más de 100 niños y niñas de las comunidades de Bellavista 2 y Renny Ottolina. Se trabajó el tema de la amistad como valor. Igualmente, se realizaron trabajo de manualidades juntos a todos los destinatarios. Para finalizar este primer día, lo hicimos celebrando la Eucaristía en la calle la Esperanza del Barrio Bellavista 2. Para mañana seguiremos la jornada de evangelización y culminaremos la calle Mérida del mismo barrio

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El valor del ejemplo

valor-del-ejemplo.jpgSon muchas las ocasiones en las que nos preocupamos por el comportamiento de los niños e intentamos cambiarlo. Por mucho que insistamos y a pesar de nuestros intentos por explicarles porque deben comportarse de cierta manera, nuestros esfuerzos suelen ser improductivos. Los niños no parecen aprender y no cambian sus comportamientos. No obstante antes de juzgar el comportamiento del niño, debemos observar nuestro comportamiento, ya que nuestro ejemplo, lo que nosotros hagamos va a afectar de forma determinante a la conducta del niño. Si nosotros gritamos el niño tenderá a gritar, si solemos ser rencorosos el niño tenderá a serlo, si mentimos a veces, el niño también va a tender a hacerlo. Es importante tener en cuenta el valor del ejemplo ya que es un fuerte determinante de la conducta del niño.

El valor del ejemplo

Nuestro ejemplo es un modelo que los niños observan e imitan constantemente de un modo casi inconsciente. Se trata de un proceso de aprendizaje social básico, innato y necesario para la supervivencia de la especie.

Los niños cuando nacen no han desarrollado comportamientos complejos, tienen respuestas reflejas que son innatas y que aseguran su supervivencia, pero no conductas elaboradas. El niño empieza un proceso de asimilación y aprendizaje de conductas que se enmarca en un proceso social. El niño observa las conductas de las personas más cercanas, y las asimila, las hace suyas y las reproduce.

Nuestro ejemplo es mucho más poderoso que lo que les digamos. El niño aprende a través de un proceso de aprendizaje vicario o modelado. Los adultos más cercanos al niño funcionan como un modelo, que el niño inconscientemente imita. Es un mecanismo de aprendizaje social, que garantiza la supervivencia. Determinadas actitudes, valores, formas de actuar se aprenden desde el nacimiento, para adaptarnos a las demandas sociales y culturales.

Cuando nuestro ejemplo no es adecuado

A veces no somos conscientes del modelo que estamos transmitiendo a nuestros niños y niñas. A menudo nos quejamos de sus actitudes y de sus conductas, pero apenas nos paramos a observar o reflexionar sobre nuestros actos y actitudes. El primer paso para cambiar la conducta del niño es observar la nuestra, sobre todo centrándonos en aquello que queremos cambiar del niño. Por ejemplo: si queremos que el niño deje de mentir, tendremos que prestar atención a cuando nosotros mentimos.
Tomar conciencia de nuestro ejemplo, es el primer paso para cambiar nosotros y ayudar a cambiar al niño.

Consejos para cuidar nuestro ejemplo

Trata de observar tus actos y actitudes y toma conciencia de aquellos gestos negativos que puede estar imitando el niño.
No se trata de sentirnos culpables o mal, recuerda que no somos perfectos. Se trata de comprenderlo, de aceptarlo y de cambiarlo.
Párate a reflexionar ¿cómo quieres que se comporte tu hijo? ¿Cómo te gustaría que fuese su modelo? Y cuando lo tengas claro, proponte un plan para el cambio. El cambio es un proceso gradual que se logra poco a poco. Empieza por pequeñas cosas y poco a poco se irá generalizando.
No solo cuides tu ejemplo delante del niño, trata de comportarte así en todo momento o situación, de este modo te será más sencillo, lo harás sin darte cuenta y tu ejemplo será más fuerte.

Celia Rodríguez Ruiz – Psicóloga y Pedagoga
@educa_aprende

La asertividad. Aprendiendo con los niños por Jorge Luis Rodríguez Oropeza

 

Termina un año escolar y hacemos balance. Recuerdo que antes de comenzar el curso los profesores de educación infantil nos propusieron conseguir un objetivo que llamaron la “Triple A”: Autoestima, Autonomía y Asertividad. Las primeras dos las tenía bastante claras, pero la tercera me generaba incertidumbre.

Leí un poco y lo dejé pasar otro tanto, hasta que un día me ocurrió algo con mi niña que me ayudó a comprender un poco más. En un momento de paciencia mermada le proferí una amenaza, de esas que sabemos que no vamos a cumplir. La niña hizo una pausa, me miró a los ojos y me dijo: “Papá, a los niños no se les pega”. No dijo una palabra más alta que otra, su entonación no reflejaba temor, pero tampoco altanería, no era un pulso. No bajó la mirada, seguía allí, relajada como quien ha dicho una verdad incontrovertible pero no se jacta de decirla. Comprendí entonces, que el tema de la asertividad ella lo tenía más claro que yo.

Buscando un concepto de asertividad

A lo largo del año y después de recibir esta lección le he seguido dando vueltas al tema, intentando dar con la premisa que me permitiese construir significados, con una niña de tres años, para esta habilidad: la de expresar lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que pensamos y con lo que no estamos de acuerdo; de forma clara, sin tensión, respetando siempre los sentimientos y las ideas de los demás.

¿Por qué nos cuesta ser asertivos?

Para quienes pertenecemos a otras generaciones, uno de los puntos que pesa es que, en muchos casos, hemos sido formados en contextos familiares que no favorecían la libre comunicación y expresión de los sentimientos de los más pequeños. La pasividad y la evasión del conflicto, en numerosas ocasiones han sido entendidas como respeto. En esa línea, el neuropsicólogo Alvaro Bilbao afirma que: …”el mayor obstáculo para ayudar al niño a ser asertivo radica en que muchos padres no son del todo asertivos con sus hijos“.

Nos cuesta ser asertivos porque no estamos acostumbrados a reconocer en el otro a un semejante. A diario nos desplazamos en el continuo de la pasividad y la agresividad, asumiendo posiciones que nos garanticen la supervivencia. En nuestra hoja de ruta, juega un papel demasiado importante algo que entendemos como éxito, y necesitamos sortear obstáculos ya sea asestando un golpe al otro o paralizados por el temor.

También, nos cuesta porque no es habitual verla en los medios que nos influyen. Una de las habilidades más preciadas en las escenas televisivas es poder hacer descalificaciones, insultos y amenazas; ya sea en el parlamento o en las tertulias en que se diseccionan vidas íntimas, propias y ajenas. Las redes sociales no se escapan, tanto es así que, urge una palabra castellana para denominar a los haters porque “odiador” no pareciera definir del todo al rol.

En definitiva, nos cuesta ser asertivos porque no somos capaces de tender puentes hacia los demás cimentados sobre la empatía; que a su vez son los puentes por los que transitan los afectos y la solidaridad.

¿Qué nos aporta la asertividad?

Nos permite relacionarnos de manera que seamos capaces de afirmar y defender nuestros derechos, opiniones y afectos, sin poner en menoscabo los de los demás.
Disminuye nuestra ansiedad, toda vez que nos sentimos más seguros de nosotros mismos.
Favorece la empatía, la posibilidad de mirar a los ojos al otro y ponernos en su lugar.
Nos predispone a ser buenos gestores de conflictos, no a evitarlos pero tampoco a generarlos.
Si conseguimos todos estos beneficios y además favorecemos que nuestros hijos tengan un elevado nivel de autoestima, le estamos dotando de las herramientas necesarias para que no sean víctimas del acoso o ciberacoso escolar.

Además, la asertividad nos acerca a Jesús.

Particularmente, me produce consolación contemplar la escena en la que Jesús es llevado ante el sumo sacerdote. En su hora menguada, es privado de la libertad y trasladado a la casa de Anás, y allí, rodeado de guardias y sin sus compañeros es interrogado. Tras la primera respuesta de Jesús, un guardia le da una bofetada y Jesús les responde:

—Si he hablado mal, demuéstrame la maldad; pero si he hablado bien, ¿por qué me golpeas? (Jn, 18, 23).

Me quedo observando esta escena y me viene a la memoria mi niña. Hace un par de semanas estaba en el parque jugando con un amigo; se quieren mucho, y el amigo ese día llevaba una mala tarde; en un par de momentos desesperó y la gritó dos veces. La niña le contestó:

—No se grita a los compañeros… ¿a que no, papá?

Finaliza el curso, y al parecer por este año, el objetivo está conseguido.

Fuente: http://entreparentesis.org

Jornada y envío a la Misión Parroquial 2017

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Este fin de semana se realizaron las segunda y tercera jornada formativa más la Misa de Envío para la Misión Parroquial 2017

La segunda jornada se realizó el sábado 22 trabajando el tema “Discernimiento, fe y vocación” y lo facilitaron Leonardo Henao y Nacil Castellano.

El domingo 23 de julio con la tercera y última jornada formativa, trabajando la Acción Pastoral, a cargo de Albetzy Briceño, Marilin Díaz e Ivan Pinto. Al cierre de cada jornada se congregaron por comisión de trabajo. Al final de la tercera jornada se celebró la Misa de Envío con los símbolos.

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Dios bendiga a todos los voluntarios y catequistas misioneros: “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa, vete a la tierra que yo te mostraré” (Gen 12,1)

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Participar para construir Escuelas Pías

Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

Encuentro de Responsables de Participación de las Escuelas Pías

20170714_131100_resized_1Oaxaca, México ha sido la tierra de siete regiones con una gran variedad y riqueza folclórica, la que ha acogido a los Responsables de Participación de la Orden y los encargados de los Secretariados Generales para compartir el trabajo que se ha ido realizando sobre el tema y generar una reflexión importante sobre el Directorio de Participación en las Escuelas Pías.

Han sido días de mucho trabajo, en torno al estudio del Directorio de Participación de la Orden. Cada Provincia presentó el trabajo que ha ido realizando, los distintos delegados presentaron el modo de relacionar las claves de vida de Cultura Vocacional y Formación Inicial, Ministerios y se presentó el Modelo de Presencia Escolapia.

Para nuestra Provincia ha sido una riqueza grande el haber participado, y entre los aspectos a destacar las intervenciones del P.  Javier Alonso y P. Oscar García…

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1ra Jornada Formativa de Misión Parroquial

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Este domingo 09 de julio iniciamos las jornadas formativas para la Misión Parroquial en la Capilla San Francisco Javier. En esta ocasión participaron 87 misioneros que evangelizarán en las comunidades cercanas a la Capilla antes mencionada. Ver + imágenes

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Elegir hoy por Javi Montes, sj

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Cuando andamos con el deseo de que las cosas de Dios sean algo importante en nuestra vida, la pregunta surge inevitablemente: ¿Qué querrá Dios de mí? ¿Cuál es mi vocación? ¿Qué vida me hará feliz? Y esto pasa cuando alguna vez nos planteamos qué hacer en la vida, pero también cuando ésta nos lleva a encrucijadas en las que toca elegir. Pensar que Dios tiene un sueño para mí es algo que a la vez ilusiona y asusta. El miedo surge al pensar que yo tengo mis planes, y puede que éstos y los suyos no vayan de la mano. Y la ilusión viene porque si Dios tiene un sueño para mí sólo puede ser un sueño de felicidad, y es que cuando hemos sentido a Dios cerca en nuestras vidas la felicidad que lo acompaña es de una hondura que nos sobrecoge.

El reto es cómo ir descubriendo, discerniendo a qué soy llamado. La faena es que para esto no hay recetas, pues Dios no acostumbra a mandarnos un sms ni ángeles mensajeros. Pero es un camino que tú y Él recorréis juntos, en el que si te fías sabes que todo irá bien. Podemos irnos de retiro al Tibet, apuntarnos a yoga o leernos libros enormes de espiritualidad para tratar de averiguar por dónde nos llama el Señor. Pero también podemos mirar nuestra vida con otros ojos, con una sensibilidad nueva que atraviese la superficialidad en la que se nos empuja a vivir. Y así, en nuestros encuentros cotidianos, en nuestros enfados y alegrías, en la injusticia que palpamos, en la rutina de nuestro trabajo o en nuestros éxitos y frustraciones iremos descubriendo una Presencia callada que nos llama, que nos invita a salir de nosotros mismos, a darnos, a anunciar que el Señor está vivo porque la muerte no tiene la última palabra, y que tiene algo que decirnos. Para mirar de esa manera tenemos que aprender de los ojos de Jesús. Esos ratos de silencio, solos tú y Él, durante los que la relación, casi sin darnos cuenta, va creciendo y el cariño fluye. En los que pasaremos momentos de muchas emociones, cuando toda nuestra persona vibra; y otros muy secos, que nos cuestionan, nos aburren y en los que nos jugamos la fidelidad de la amistad. Además, tenemos la suerte de andar este camino en comunidad, con otros hermanos y hermanas, que nos ayudan a que los miedos no nos venzan, en los que vemos testigos del paso del Señor y que nos animan a seguir buscando y encontrando la voluntad de Dios.

Javi Montes, sj