Este Japón increíble…

Así se titula el libro escrito por nuestro ex-alumno Pedro Arrupe SJ, que fuera Superior General de la Compañía de Jesús. En ese libro, el P. Arrupe expresa sus experiencias misioneras en el Japón y comparte sus reflexiones sobre la misión. He querido titular así esta carta fraterna porque, sin duda, Japón sigue siendo increíble. Y la realidad de nuestra Orden, también. Quiero compartir con el conjunto de las Escuelas Pías algunas de mis reflexiones sobre la vida y misión de nuestros hermanos escolapios de Japón. Descarga carta

Anuncios

Dos alumnos a los que admiro

He sido buen alumno, y con el tiempo me voy dando cuenta. Me voy haciendo mayor, porque miro hacia atrás muchas veces. Siempre he hablado bien de mis profesores, los he valorado. Con algunos sigo teniendo contacto, con otros me gustaría retomarlo. En clase me he comportado razonablemente bien.

Pero no hablo de eso. Ya no tengo la suerte de ser alumno, me toca la responsabilidad de ser el profesor. Esta semana he llegado tarde a clase por la lluvia, una vez más, y me doy cuenta de la seriedad y diferencia que hay entre unos y otros. Ahora veo a los alumnos, los miro. Cada día intento preguntarme qué sé de dos de mis alumnos de este curso y sé muy poco, excesivamente poco. Pongo notas en función de lo que sé intentando no mirar demasiado lo mucho que ignoro, con cierto sufrimiento.

Dos alumnos me llaman, con el tiempo, especialmente la atención. Sé que estos chavales con quienes comparto aula dentro de poco serán mejores que yo, y me alegro por ello. Ayer mismo, una vez más, tuve esa sensación con uno de los jóvenes a los que di clase en mi primera generación. Me han superado. En parte, sólo en parte, me siento orgulloso de haber contribuido a ello. Pero, me centro, dos alumnos me llaman especialmente la atención, por la admiración que me despiertan:

  • Los que hacen buenas preguntas. Es una forma de demostrar muchas cosas. Que están a lo que hay que estar, que no tienen miedo, que saben cuestionar y dudar, que buscan entender, que ya tienen alguna “idea” de algo. Por contra, no me agrada nada comprobar que hay chavales que, en su pobreza de experiencias, están ahí como si ya supieran todo lo que hay que saber, como si nada tuvieran que aprender. El que hace preguntas, muchas veces desde sus propias dudas e implicándose personalmente en lo que dicen, también quieren expresarse y dialogar. Usan sus palabras, como sus vivencias, con la mejor de las intenciones. Dan un paso adelante, se significan, rompen el anonimato, son valientes, se hacen entender, se preocupan de la cuestiones que trabajamos, y siguen adelante. Lo que preguntan muchas veces queda sin resolver, se mantiene y manifiesta en el diálogo pero sigue adelante.
  • Los que se esfuerzan y ponen todo de su parte. Algunos chavales tienen una capacidad, casi innata e inmerecida para comprender las cosas. Por la inteligencia que sea, sin entrar en matices. Descubro que algunos jóvenes, casi con mirar, aprenden. Están despiertos y lo aprenden rápido. Son ágiles, vivos. Sin embargo, no hay en ellos ni pizca de esfuerzo. Otros deben esforzarse, trabajar para aprender. Y lo hacen diariamente, con constancia, buscando ayuda, pidiendo y sabiendo encontrar los apoyos necesarios. Estos alumnos hacen un bien enorme a todos los demás, mientras que los primeros fomentan no pocas veces la pereza y se van conformando con sus dones naturales sin poner en ello nada de su parte. Los que se esfuerzan, los que ejercen y dominan su voluntad tienen un recorrido enormemente largo. Han aprendido, sin querer probablemente, uno de los misterios más hondos de la vida: la obligación de hacernos a nosotros mismos, la necesidad de la acción y el compromiso responsable con el tiempo. No me explico mejor con otras palabras, aunque puedan ser oscuras. Están ahí sabiendo de la seriedad del tema y deciden entrar en él con su oscuridad para hacer luz y encontrar claridad.

También admiro a otros muchos chavales. Pretendo querer a todos mis alumnos, evidentemente, por el mero hecho de ser personas con las que me he encontrado. Sin embargo, estos me provocan admiración. Espero que ellos sean de esos muchos por los que en la vida me sentiré gratamente superado.

Sobre el lunes a primera hora

¿A cuántas personas has ayudado hoy?

No puedo dejar de escribir, miserablemente quizá, sobre esta pregunta. Por pudor, no diré de quién la he sacado. Sólo diré que no me la hizo a mí, sino que fue una confesión de su propia intimidad. Una pregunta que hacía por la noche a la persona que, probablemente, más amó del mundo. ¡Qué gran pregunta! Sólo escucharla me ha impactado.

Efectivamente, día a día me encuentro con cientos de personas. Hoy lo he contado. Superan ampliamente la centena. A algunas las conozco, a otras las conozco muy poco, a otras las ignoro. Todas son personas. No me cabe la menor duda, aunque por desgracia no las trate como tales, con el respeto y dignidad que se merece cualquier persona. El anonimato, el cruzarme sin más por la calle con alguien, los otros conductores que por la mañana se dirigen al trabajo igual que yo y que coincidimos estos días en los atascos, mis mismos alumnos, de los cuales sé tan poco…, mis compañeros de trabajo, de los cuales sé tan poco…, mis amigos, que pasan desapercibidos en mi día a día por las ocupaciones, entregar y tareas… mi familia, que vive en ocasiones tan lejos… Cientos de personas con las que a diario trabo contacto, y que de vez en cuando pasan a ser relación. Ninguna persona se merece menos que una relación cordial.

Me asombró de la pregunta, y fue lo primero que pensé, que interrogase en plural. En ocasiones, con ayudar a una persona nos sentimos tan bien y tan satisfechos que llena una semana. Pero esta personas que hizo la pregunta, y aquel a quien tanto quería, son tan especiales que hablaban en plural. Y lo hacían con sencillez. ¿A cuántas personas has ayudado hoy?

Espectacular. Desbordante. Más que admiración, devoción.

Día a día, insisto, trato con cientos de personas. Jamás he pensado en tratar a alguien mal, no entra ni en mi lógica ni en mi corazón. Pero esta pregunta es de otra pasta. Es algo así como preguntarse, con la sencillez, y lo destaco porque aquí está la clave, de quien hacía la pregunta, significa entrega. No la “superioridad” de la ayuda que se da a otro, sino a quién te has entregado hoy, con quién has compartido tiempo y vida, hacia quién, y no hacia qué, están dirigidos tus esfuerzos. No hay mayor signo de humanidad que aquel que humaniza, que pone su persona en juego, en aquello que hace.

Pongo un ejemplo, del mundo que conozco que es la educación. ¿Cuántas veces un profesor entra en clase, para tratar con personas, con el deseo sencillo y contundente al mismo tiempo de ayudar, de servir, de eso que llamamos amar y mejorar al otro? ¿Cuántas veces, de las muchas oportunidades diarias que tengo, me cruzo con alguien en un “no lugar”, en un lugar “no concreto y esperado”, y tengo la oportunidad de mejorar el mundo? Efectivamente, con una sonrisa, con una palabra amable, con un gesto que nos relacione, que nos saque del anonimato de no eres nadie para mí y pase al eres, al ser, al reconocimiento del otro.

La pregunta es dura. La guardaré siempre con gratitud y agradecimiento.

Imagino un mundo en el que esta forma de relación se invirtiera y fuera posible la reciprocidad, la amistad entre unos y otros, la cordialidad más sincera, la compasión más extrema, la entrega más constante.

@josefer_juan

Discernir en movimiento

En movimiento.jpgHace apenas unos días, Rodolfo Abello, encargado de la pastoral juvenil de la Provincia jesuita de Colombia hizo una pregunta al papa Francisco: ¿Hacia qué horizonte quiere que motivemos a nuestros jóvenes de espiritualidad ignaciana?
La respuesta me llena de alegría y me confirma en muchas de las intuiciones desde las que trabajan muchas instituciones. Dijo esto:

  • “Me sale, para decirlo un poco intelectualmente: meterlos en espiritualidad de Ejercicios. ¿Qué significa eso? Ponerlos en movimiento, en acción. Hoy la pastoral juvenil de pequeños grupos y de pura reflexión no funciona más. La pastoral de jóvenes quietos no anda. Al joven lo tienes que poner en movimiento: sea o no sea practicante, hay que meterlo en movimiento.
  • Si es creyente, te resultará más fácil conducirlo. Si no es creyente, hay que dejar que la vida misma sea la que lo vaya interpelando, pero estando en movimiento y acompañado; sin imponerle cosas, pero acompañándolo… en voluntariados, en trabajos con ancianos, en trabajos de alfabetización… en todos los modos que son afines a los jóvenes.
  • Si nosotros ponemos al joven en movimiento, lo ponemos en una dinámica en la que el Señor le empieza a hablar y comienza a moverle el corazón. No seremos nosotros los que le vamos a mover el corazón con nuestras argumentaciones, a lo más lo ayudaremos, con la mente, cuando el corazón se mueve.
  • Ayer, en Medellín, conté un episodio muy significativo para mí porque que me salió del corazón. En Cracovia, durante un almuerzo con 15 jóvenes de diversas partes del mundo, junto al Arzobispo -en cada Jornada de la Juventud hay un almuerzo de estos- empezaron a hacer preguntas y se abrió un diálogo. Un muchacho, universitario, me preguntó: “Algunos de mis compañeros son ateos, ¿qué les tengo que decir para convencerlos?”. La pregunta me hizo notar el sentido de militancia eclesial que tenía este joven. La respuesta que me vino fue clara: “Lo último que tienes que hacer es decir algo, lo último. Empieza a actuar, invítalo a que te acompañe y cuando él vea lo que haces y el modo como lo haces te va a preguntar, y ahí empieza a decir algo”.
  • Lo que yo les digo es que metan a los jóvenes en movimiento, inventen cosas para que ellos se sientan protagonistas y así, después, se pregunten: “Qué pasa, qué me cambió el corazón, por qué salí contento?”. Como en los Ejercicios: cuando uno se pregunta acerca de las mociones interiores.
  • Obviamente, no les pregunten a los jóvenes qué mociones tuvieron porque no van a entender nada de su lenguaje. Pero dejen que les cuenten las cosas que han sentido, y a partir de ahí, involúcrenlos poco a poco. Ahora, para eso -como me decía el benemérito padre Furlong cuando me hicieron Provincial- hay que tener la paciencia de sentarse y escuchar al te cuestiona y hay que saberse desenvolver cuando el que viene te quiere llevar a discusiones infinitas. Los jóvenes cansan, los jóvenes cuestionan, y hay que tener esa mortificación continua de estar siempre dispuestos a escucharlos. Pero para mí el punto clave es el movimiento.”

@rpj_escolapios

La Familia Calasancia decimos: ¡Gloria a Dios en el cielo!, en el día de la canonización del P. Faustino Míguez

FaustinoM.jpg¡GLORIA!
Este es el canto que brota del corazón de todos cuantos formamos parte de la Familia Calasancia, en el día de la canonización del P. Faustino Míguez, escolapio y fundador.
Su vida, sencilla y entregada; su fidelidad vocacional; su audacia en la misión; su confianza profunda en el amor de Dios; en definitiva, su santidad, son motivo para todos nosotros, y desde hoy para toda la Iglesia, de una profunda y sincera acción de gracias a Dios.
San Faustino vivió, como escolapio, para dar gloria a Dios entregando toda su vida a la misión de ser educador, padre y testigo de Cristo entre los niños, las niñas y los jóvenes. Supo responder a las inspiraciones del Espíritu poniendo lo mejor de sí mismo para que surgiera en la Iglesia una nueva rama de la Familia Calasancia. Y supo vivir y morir como escolapio.
La Orden de las Escuelas Pías, el Instituto Calasancio de las Hijas de la Divina Pastora, toda la Familia Calasancia, las Fraternidades Escolapias, todas las personas que viven su fe en el seno de nuestra Familia y cuantos colaboran en nuestra Misión, y sobre todo los niños y jóvenes a los que nos dedicamos, nos unimos a Su Santidad el Papa Francisco en esta bendita mañana del domingo 15 de octubre de 2017, Año Jubilar Calasancio y decimos, con San Faustino Míguez, fiel hijo de Calasanz, GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES QUE DIOS AMA.
Muchas felicidades a todos.

La Congregación General de las Escuelas Pías

“Se valiente, la misión te espera”

Con motivo de la ordenación sacerdotal de nuestro hermano Freddy Araujo, le pedimos que nos redactara su testimonio vocacional que compartimos con todos.

Con profunda alegría por mi pronta ordenación como sacerdote de las Escuelas Pías, aspiro asumir el lema de DOMUND 2017 desde mi experiencia vocacional “¡Sé Valiente la misión te espera!..”

ordenación fredy (2)

Mi nombre es Freddy de Jesús Araujo A del Buen Pastor. Soy Religioso de la Orden de las Escuelas Pías, popularmente Escolapios. Nací en  los Andes Venezolanos en una pequeña comarca llamada el Corozo de la Parroquia San Roque de la Quebrada del Estado Trujillo donde se respira un ambiente de mucha religiosidad y tradiciones culturales  marcadas por la experiencia de la fe vivida en el hogar.

Mucha gente dice que los andinos somos gente buena, religiosa, trabajadora y con grandes convicciones. Puedo decir con elloque, desde muy niño inicié mis primeros pasos de la fe en un contexto religioso muy favorable, pertenecía al grupo de apostolado de la legión de María donde nos enseñaban a rezar, nos asignaban varios trabajos como visitar enfermos, ancianos, niños , rezar el rosario en familia, llevarle flores a la Virgen y visitar al Santísimo. A mi corta edad de siete años entendía todo esto como una pequeña misión.

ordenación fredy (10)Mis padrinos Ignacia y Francisco me fueron inculcando  el deseo de salir y visitar los hogares anunciando la Buena Noticia del Señor desde la ayuda a los más necesitados. Me decían cada obra de caridad son llaves que abren las puertas del cielo.

Quería tener muchas llaves para entrar allí y ser Santo como San Roque y San Benito. Puedo afirmar que esta primera etapa de mi vida fue un proceso de siembra vocacional. A los 12 años sentí un primer llamado de Dios cuando vi las películas de Monseñor Romero y el Venerable Doctor José Gregorio Hernández. Ejemplos de vida entregada al servicio de los más pobres. Poco a poco esta inquietud se fue apagando y me costaba creer que Dios se atreviera a llamarme a mí al sacerdocio. Decidí alejarme un poco de lo que sentía hasta llegar al punto de no querer participar en la misa;  recuerdo que mi mamá los domingos en la mañana casi me obligaba a levantarme para acompañarla a la misa de siete. Me levantaba con pereza y la acompañaba.

ordenación fredy (70)

A los trece años me enamoré de María Isabel, la cual me fue motivando a participar nuevamente de la legión de María y como catequista de primera comunión. Mi motivación por la misa de siete cambió y ahora era yo quien apuraba a mi mamá para ir a la misa con el interés de ver a María Isabel. Y así fui viviendo esta etapa tan bonita de mi vida donde al llegar a los 13 años sentía profundamente en mi corazón que debía dedicarme a la formación de los niños en la fe, al trabajo de la caridad y la vida familiar.

ordenación fredy (74)

Por esta época se ordenó de sacerdote un primo llamado Jesús Barrios que había estado en varios seminarios pero sin poder alcanzar sus sueños hHasta que un día por sorpresa de todos nos enteramos que estaba terminado sus estudios y pronto sería ordenado. El testimonio de mi primo me impulso a reconocer que realmente Dios tenía una llamada para mí. Y fue cuando dije quiero ser misionero al igual que el Padre Salesiano  Isaías Torres que se encontraba en Kenia (África) en una misión. Este gran testimonio de vida marco el inicio de una fuerte inquietud que se manifestaba en el deseo de trabajar en la pastoral infantil, juvenil y de los ancianos.

En medio de un proceso de muchas preguntas acerca de la vocación encontré algunas respuestas a través de la lectura y oración con los de los evangelios. La Señora Cristina Álvarez, -una amiga de la comunidad- nos enseñó a valorar los evangelios como lugar para encontrar la voluntad de Dios. Empecé a  comprender que la misión que Dios me pedía realizar era más grande de lo que yo creía entender. Fue así como un día en una conversación con un amigo llamado Dimas me comentó que había conocido a unos Padres llamados “Escolapios” que se dedicaban a la educación y  misionaban  entre los más pobres y además vivían en comunidad, eran alegres y muy trabajadores. Este testimonio me llamó mucho la atención y me gustó la idea de combinar el sacerdocio ministerial con la educación. Así fue como tome la iniciativa de llamar a la comunidad del Trompillo en Barquisimeto para obtener más información. Me atendió un Joven llamado Carlos Quintero  que estaba allí realizado una experiencia vocacional. A los 17 años inicie el proceso vocacional vía telefónica y con algunas visitas a mi casa por parte de Carlos y el Padre Omar Gutiérrez.

ordenación fredy (67)

En agosto de 2007 deje mi Comarca por primera vez y me adentré en la gran aventura de la vocación. Participe en un Campamento Vocacional con el P. Willians Costa y otros jóvenes que estaban como yo asustados y con muchas preguntas. Esta experiencia de trabajo en el Barrio el Trompillo con los niños y el testimonio de los escolapios Carlos Curiel, Omar Gutiérrez, Oscar García y Williams Costa, lograron dejar la convicción profunda de una llamada que ahora se hacía presente en mi vida y que ahora me tocaba responder con valentía, pasión y coraje.

El 24 de septiembre de 2007 dejé nuevamente a mis padres, hermanos, amigos y tierra para iniciar una experiencia de aspirantado en la casa de Baradida junto a José Luis Colmenares, Jesús Chivico, Ítalo Rafael, Ibrahim Pinto y los Padres Alfonso Olazabal y Willians Costa como maestro.

Hoy 6 de octubre de 2017  puedo afirmar que la experiencia de aspirandado me ayudó a consolidar una llamada tan profunda  y a fundar la bases de un proceso formativo integral que fui realizado en distintos lugares como Caracas, Colombia y Nicaragua.

La vida y obra de nuestro fundador San José de Calasanz la asumí como una vida capaz de experimentar el sentido de ser valiente para responder  a la llamada de Dios.

Ser escolapio en medio de mis hermanos de comunidad es una experiencia que me llena de esperanza y coraje principalmente a la hora de asumir los desafíos propios de cada  vocación.  A quienes lean este testimonio vocacional les pediría que asumieran en su corazón el lema de ¡Sé Valiente la misión te espera!  Que María Madre de las Escuela Pías nos siga acompañando con su maternal protección y bendiga a tantos niños que necesitan de un escolapio laico o religioso que pueda ayudarle a descubrir su interna inclinación.