“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13) J. Espínola

frases-papa-francisco-cuaresma.jpgLa cuaresma del latín “quadragésima” es el “cuadragésimo día antes de la pascua”. Son 40 días de preparación para la gran fiesta de la Pascua, comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo, con la Misa Vespertina. Durante este tiempo litúrgico es común escuchar lecturas referentes a temas como la conversión, el pecado, la penitencia, la oración y el perdón. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y que invita al recogimiento.
El Papa Francisco ha querido que este año la Cuaresma tenga como lema o tema de fondo: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar. El Papa asegura que a través de las obras de misericordia se puede mostrar al prójimo el amor de Dios, capaz de transformar “el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia”. Así, la Cuaresma “es un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia”.
El Pontífice indicó que mediante las obras corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio”. Por ello, la Cuaresma es un tiempo propicio para revisar la propia vida y preguntarse ¿Qué experiencia de Dios tengo o he tenido? ¿Quién es Dios para mí, qué me pide, qué estoy dispuesto a dar? ¿Mi voluntad tiene algún punto de coincidencia con la Voluntad del Padre? Cuaresma es un tiempo de reflexión y de profunda oración, para que de ese corazón orante, abierto a la Palabra de Dios, salgan hombres y mujeres comprometidos con la causa del Reino. Si esto no se da, es posible que seamos buenas personas que ayudemos a quien lo necesite; pero ser cristiano no es sólo quien brinda asistencia “social” al prójimo; ser cristiano consiste, entre otras cosas, en cargar con la propia cruz y seguir al Maestro. Como hizo María, que después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido convirtiéndose así en icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal.
La misericordia de Dios, tema central de este Año Santo no se refiere sólo a un momento concreto; sino a la historia de salvación que Dios ha mantenido y construido con su Pueblo a lo largo de la historia de la humanidad. El Papa pide reflexionar durante este año, sobre las llamadas obras de misericordia, porque es un modo de “despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios. Estas tres “armas” de la Cuaresma son: La oración, el ayuno y la abstinencia. (ver Mt 6,1-6.16-18).

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
El tiempo de Cuaresma como preparación a la Pascua se basa en dos pilares: por una parte, la contemplación de la Pascua de Jesús; y por otra parte, la participación personal en la Pascua del Señor a través de la penitencia y de la celebración o preparación de los sacramentos pascuales –bautismo, confirmación, reconciliación, eucaristía-, con los que incorporamos nuestra vida a la Pascua del Señor Jesús.
Incorporarnos al “misterio pascual” de Cristo supone participar en el misterio de su muerte y resurrección. No olvidemos que el Bautismo nos configura con la muerte y resurrección del Señor. La Cuaresma busca que esa dinámica bautismal (muerte para la vida) sea vivida más profundamente. Se trata entonces de morir a nuestro pecado para resucitar con Cristo a la verdadera vida: “Yo les aseguro que si el grano de trigo muere dará mucho fruto” (Jn 12,24)
A estos dos aspectos hay que añadir finalmente otro matiz más eclesial: la Cuaresma es tiempo apropiado para cuidar la catequesis y oración de los niños y jóvenes que se preparan a la confirmación y a la primera comunión; y para que toda la Iglesia ore por la conversión de los pecadores.
La Cuaresma es tiempo penitencial por excelencia y por tanto se presenta como tiempo propicio para impulsar la pastoral de este sacramento conforme a lo que nos ha pedido recientemente el Papa, ya que la confesión sacramental es la vía ordinaria para alcanzar el perdón y la remisión de los pecados graves cometidos después del Bautismo.
No hay que olvidar que nuestros fieles saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar los propios pecados graves, al menos una vez al año. Por todo ello, habrá que ofrecer horarios abundantes de confesiones.
Ahora les presento algunos textos bíblicos que pueden ser útiles para la oración personal y comunitaria: La pecadora perdonada (Lc.7, 36-50); El siervo sin corazón (Mt.18, 23-35); La oveja descarriada (Lc.15, 4-7); El Hijo Pródigo (Lc.15, 11-32).

Autor: Jesús Espínola @espinolajesus14


Oración de Cuaresma
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
durante esta época de arrepentimiento,
ten misericordia de nosotros.
Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras,
transforma nuestro egoísmo en generosidad.
Abre nuestros corazones a tu Palabra,
sana nuestras heridas del pecado,
ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
Que transformemos la oscuridad
y el dolor en vida y alegría.
Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s