Los zapatos pequeños. M.L. Martínez

zapatos

De nuevo María Luisa nos comparte un bonito cuento para trabajar los valores con los pequeños. En esta ocasión el aprendizaje que obtendremos de la lectura y el trabajo posterior será sobre la importancia de la generosidad y la comprensión entre las personas. Esperamos que les guste!!

LOS ZAPATOS PEQUEÑOS

Ana y Alejandro van siempre juntos al colegio. Viven en el campo y tienen que andar bastante hasta que pueden ver la escuela a lo lejos. Son hermanos y se llevan muy bien, aunque a veces se enfadan pero no es lo normal…
De camino al colegio hablan de muchas cosas. Otros niños van en vehículos pero ellos tienen la suerte de vivir cerca y así hablan, persiguen lagartijas y buscan ardillas…
Alejandro siempre va saltando y corriendo, subiendo y bajando, no tiene pereza para nada.
Un día volviendo del colegio tan contento como siempre, sin darse cuenta, mete el pie en un agujero que había en el suelo y se cae. Se rompe el tobillo por varios sitios.
Permanece en casa varios días. Ana jugaba con Alejandro, le traía las fichas que sus compañeros habían hecho en clase. Las hacia con él. Llegó el momento de volver al colegio. Otra vez las lagartijas y las ardillas del camino. Ya no era igual, Alejandro iba más despacio, sin correr porque todavía le dolía.
Alejandro se dio cuenta de que Ana iba con unos zapatos antiguos pero no dijo nada.
Todos los días iba con los mismos zapatos. Sus amigos preguntaban a Ana el motivo del cambio, antes siempre llevaba las deportivas con luz que le habían traído los Reyes. Ella disimulaba y les explicaba, si insistían mucho, que esos zapatos le gustaban.
Alejandro veía que Ana andaba despacio y cuando llegaron al colegio vio que se sentaba porque estaba cansada.
El no podía correr como antes pero Ana estaba rara.
Un día Alejandro dijo:
-Ana…
– Dime Ale.
– Tú y yo nos queremos mucho.
– Claro, qué cosas tienes.
– Además tenemos mucha confianza el uno en el otro-
– ¿Lo dudas?
– No pero últimamente ya no corres y te subes por todas partes cuando vamos al colegio. Estás cansada y yo creo que te pasa algo y no me lo has contado.
– Está bien, no se te escapa una, es que me hacen daño los zapatos.
– ¡Pues ponte otros! Tienes muchos.
– No, quiero ponerme estos, para ir a tu paso, para entenderte mejor y no correr y saltar sino ir despacio para comprender mejor lo que te pasa.
Alejandro se quedó sin habla, su hermana era capaz de ir con los zapatos pequeños en lugar de sus deportivas nuevas, para entender mejor las dificultades que tenía.
Desde entonces él comprendió lo importante que es ponerse en lugar de los demás para entender sus problemas.

© María Luisa Martínez Robles

CONCLUSIÓN

Debemos ser comprensivos y generosos. No mirar por nosotros mismos sino por el bien de los demás.
Así comprenderemos que es mejor dar que recibir.
No debemos quejarnos de lo que nos pasa, al contrario valorar lo que tenemos a nuestro lado y apreciarlo.

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