Consagrados a la educación escolapia

7.jpgConsagrar la vida a Dios implica el intento de centrar la existencia completa en Quien nos ha convocado (vida en común), en Quien ha ganado plenamente nuestro corazón (castidad), en Quien consideramos nuestro único Señor (obediencia) y en Quien sabemos que se nos dará todo lo necesario (pobreza).
Consagrarnos a Dios, en la educación escolapia, es apostar la vida entera por servirle en esta tarea de acompañar y educar a tantos niños y jóvenes, especialmente pobres, donde le descubrimos presente.
Consagrar la vida a Dios es descubrirnos educadores junto al único Maestro. Es descubrirnos religiosos intentando vivir a fondo algunos rasgos fundamentales de Jesús: la pobreza de quien se sabe liberado y en manos de la Providencia, la castidad como signo y compromiso por la plenitud del Reino, la obediencia sin condiciones a la voluntad de Dios, la vida en comunidad como estrategia y anticipo del Reino…
Consagrar a Dios la vida es caminar hoy con Calasanz por sus sendas, y descubrir al Señor en cada niño, en cada niña, en cada joven, en cada pobre.

Extraído de: Pasión por la misión // J. Aguirregabiria, Sch P

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